
Érase
una vez un camino de sueños paralelos que se entrelazaban y se
entretejían a lo largo de un tiempo. Érase una vez, el nacimiento de
unos bebés que hacían sacar los instintos más puros para recorrer
un camino a contracorriente, donde las miradas y los abrazos
empoderan.
Érase una vez, mujeres creciendo, alimentándose de energías y de sinergias, que soltaban lastres de sus mochilas para por fin sentirse cómodas. Para por fin sentirse libres y ser parte del cambio que el mundo necesita.
Entretanto, se cuece a fuego lento la amistad, el
apoyo, la escucha, la empatía, la admiración, el orgullo...para
desembocar en una tribu. Nuestras almas nutriéndose entre mujeres.
Érase
una vez, una mujer con eterna sonrisa. Con una mirada que atraviesa
montañas, que va desplegando aromas por el mundo para invitar a
subir al tren. A un tren que sana a las mujeres, que invita a la
esencia de las cosas. Una mujer que te da la mano al encuentro de
nosotras mismas con las demás.
Érase
una vez, una mujer con fortaleza infinita. Capaz de despojarse de
todo para quedarse desnuda en cuerpo y alma, desplegando luz en el
camino para alumbrar a las prisioneras de la oscuridad. Bondadosa y
verdadera. Compañera de viaje, de este viaje que invita a renacer.
Dos
mujeres que se unen en un sueño, y que inician una andadura para que
una flor llamada Caléndula haga magia.
Ve,
que no vas sola.
Y
pasa el tiempo. Y la bobina se agranda, y arrastra la conciencia. La
verdad no caduca. Invita a dejarse llevar. Cuando pares, mimas. Pero
nuestras crías no crecen en una burbuja y piden volar. Entonces
dejas fluir para hacer crecer otros sueños.
El
tiempo, la vida y las decisiones que hay que tomar marcan nuevos
caminos. A veces esos cruces de camino pueden hacerse encrucijada y
es difícil tomar la decisión correcta... más cuando estas pueden
doler tanto. Y así fue como por amor a esta flor supo desprenderse
de ella para dejarla en otras manos.
Las
crías crecen y los bebés dejan de serlo para ser niños felices que
corren, danzan, gritan , saltan, juegan o aprenden a leer.
Érase
una vez una mujer toda calma, toda atención. Toda mirada y
comprensión que cree en el poder de la imaginación, por encima de
todo, como herramienta para cambiar el mundo, como vehículo para
volar. Mujer que se sube a un tren con las maletas rellenas de
sueños...y sigue el camino....creciendo, soñando, haciéndonos
fuertes juntas.
....Érase
otra vez.




Precioso, me llegó al corazón...Elena es hermoso lo que has escrito :-)
ResponderEliminarQué bonito Elena!!!Muchísima suerte en la continuación de ese camino amiga.
ResponderEliminarQue bonito !! No lo había leido y me ha emocionado. Un nuevo rumbo lleno de alegrías para la Caléndula. Un besoteee !!
ResponderEliminarQue bonito !! No lo había leido y me ha emocionado. Un nuevo rumbo lleno de alegrías para la Caléndula. Un besoteee !!
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